sábado, 14 de mayo de 2011

Confucio y la educación

El Confucianismo que se empleaba en el Japón tradicional subraya la obligación de obedecer al señor feudal. La lealtad era la mejor virtud que podía demostrar una persona. Por esta razón, a pesar de intentar modernizar la educación del país tras la Restauración Meiji, no se erradicó el confucianismo, sino que se modificó para adaptarlo a las necesidades de la nueva era (Anderson 1959).

La Restauración Meiji fue un intento de mostrar a Occidente lo capacitado que estaba Japón para desarrollar las reformas necesarias que modernizasen todo el país. Muchas de las iniciativas del Gobierno Meiji se centraron en la igualdad de géneros, pero las medidas que se adoptaron fueron superficiales y contradictorias. 

A pesar de que en 1872 se decretó la educación básica obligatoria para las mujeres, no se trató de motivar esta igualdad, por lo que el gobierno no se encargó de que las familias matriculasen también a las hijas (Sievers 1983).

El principal cometido de las mujeres de la época era dar a luz hijos sanos para que Japón pudiese ganar la guerra. A pesar de que los hombres podían obtener el divorcio fácilmente, para las mujeres era imposible. Lo más traumático sobre la separación no radicaba en la eventualidad de que las mujeres no tuviesen el derecho de solicitar el divorcio, sino en que después de éste, las mujeres perdían todas sus propiedades.

Después de la 2ª Guerra Mundial se adoptó un nuevo sistema escolar. La Ley Fundamental de Educación de 1947 estipulaba en su artículo nº 3 la igualdad de oportunidades en la educación. En 1948 existían cinco universidades femeninas, pero en tan sólo cuatro años se inauguraron 128 nuevas universidades para mujeres.

Fuente: Kokoro : Revista para la difusión de la cultura japonesa. Nº 2- 2010 ( pgs 6-8).

Los libros utilizados en los colegios e institutos japoneses que fueron aprobados por el Ministerio de Educación durante los años 70, presentaban graves estereotipos, en los que las mujeres sólo desempeñaban las tareas del hogar y se ocupaban de los niños/as. Las modificaciones que se han ido incluyendo en la política japonesa han contribuido a la desaparición de estos clichés, aunque incluso durante los años 90 en las ilustraciones de los libros siempre eran las mujeres quienes hacían la colada o preparaban la comida (Kameda 1995). Incluso a finales del siglo XX, la educación no era entendida como un medio para la trayectoria profesional a largo plazo para la mujer japonesa. 

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