Las geishas, tal y como las conocemos hoy en día son relativamente modernas, que las primeras noticias que tenemos de ellas datan de 1700, pero en Japón ha habido mujeres que han realizado labores similares a las geishas desde antes de esta fecha. Hablamos de las saburuki de finales del siglo VII y de las Shirabyoshi, en el siglo XII. Las primeras eran generalmente mujeres sin hogar estable, que subsistían a base de vender favores sexuales. Las segunda surigieron en un momento de grandes cambios sociales, el periodo Heian, en el que muchas familias nobles tuvieron problemas económicos y la única manera de subsistir que tenían las hijas de estas familias era convertirse en geisha. Los bailes y canciones de estas mujeres solían tener mucha carga erótica.
En 1959, gobierna en Japón Hideyoshi Toyotomi, y uno de sus favoritos, Saburoemon Hara, le pide permiso para abrir un burdel organizado en el barrio de Nijo Yanagimachi, en Kioto, al estilo de los barrios de placer de la dinastía Ming en China.
Esto se convertiría en el primero de los barrios de placer de Japón. En 1641 este barrio se traslada al sur de la cidad ya que se encontraba demasiado cerca del Palacio Imperial, En 1621, Shoji Jimenon, propietario de un burdel de Edo, pide a Tokugawa la creación de una zona vallada al estilo de Shimabara para agrupar a todas las prostitutas y a todos los burdeles.
En estos barrios de placer había clases diferentes de cortesasas , conocidas en general como yüjo. Una cortesana no es una prostituta. Había diferentes cortesanas en función de las capacidades artísiticas que tuviera, la belleza y el dinero que ganara para sus patronos/as, etc, y además no eran clases cerradas ya que las muchachas podían ir subiendo de clases a medida que ganaban en popularidad o que mejoraban sus dotes artísticas.
La clase más alta a la que podía aspirar una cortesana eran la de tayü. Tenían posibilidad de rechazar a cualquier cliente que no desearan y cada una contaba con dos jóvenes sirivientas, las kamuro, a las que trataban de educar en las costumbre y maneras de ese mundo de geishas.
Para acceder a una de estas mujeres, había que tener mucho dinero y hasta que el cliente conseguía consumar su acto sexual había muchas actividades previas y mucho ritual. Poco a poco la demanda empezó a fluir hacia cortesanas más baratas y menos rígidas.
A mediados del siglo XVIII, en las casas de té que hay alrededor de los templos sintoístas de Kioto y Osaka aparecen unas mujeres que se encargan de entretener a los peregrinos y viajero, y sin duda estas mujeres pueden considerarse hoy las precursoras más directas de las geishas.
Las primeras geishas eran hombres que previamente habían formado parte del grupo conocido como taikomochi. Estos hombres llevaban haciendo su trabajo dentro de los límites de los barrios de placer desde un siglo atrás y se dedicaban a entretener a sus clientes con baile, música y conversación en los banquetes que estos tenían con sus cortesanas, antes de consumar el acto sexual.
Hasta 1750 no se encuentra la primera geisha mujer. Se llamaba Kikuya y se hizo famosa por sus dotes para el shamisen y el canto. El desarrollo de las heishas femeninas ha estado conectado al shamisen, hacia mediados del siglo XVI. Este instrumento de tres cuerdas se volvió muy popular en Jaón, y aunque muchas cortesanas lo incluyeron en su repertorio, protno lo dejaron a otras clases de cortesanas y finalmente se perdió.
En 1680 era frecuente que las muchachas jovencitas fueran enviadas por sus padres a recibir clases de baile para poder obtern dinero. Originariamente no concedían favores sexuales, pero con el tiempo la falta de escrúpulos de muchos padres hizo que se convirtieran en prostitutas.
Al contrario que las cortesanas las geishas eran mujeres independientes e inteligentes que vivían de sus dotes artísitcas y de su ingenio, sin estar sujetas a rígidos formalismos. Podían relacionarse sexualmente cuando quisieran y con quien lo desearan y no estaban obligadas a vivir en las barrios del placer. Shimabar fue uno de los primeros barrios en unirse a la moda de las geishas y aunque Yoshiwara tardó una década, finalmente sucumbió.
Rápidamente , las geishas femeninas u onna geisha sobrepasaron en número a las geishas marculinos. En 1779 se habían vuelto populares y demandadas y se convirtieron en rivales de las cortesanas. Se crea
un rigistro o kenban que tendría las geishas controladas y organizadas con unas normas estrictas en su cumplimiento. entre otros puntos destacaban:
-No podían salir de los barrios de placer para ejercer su trabajo, menos el día de Año Nuevo y en el Bon Odori en julio.
-No podían vestir kimonos estravagantes y debían llevar peinados sencillos con pocos adornos en el pelo.
-Debían ser contratadas en grupos de tres y no se podían sentar cerca de sus clientes.
-Su horario de trabajo se limita hasta las diez de la noche, desde el medio día. Posteriormente se extiende hasta las 12.
A finales del siglo XIX las geishas hombres habían desaparecido y es entonces cuando las geishas mujeres se extienden por todo Japón. Gran parte de los planes revolucionarios de la Restauración de Meiji, se gestaron en las casas de té, donde trabajaban las geishas, famosas por su discreción. Por esto estuvieron favorecidas por los nuevos estamentos japoneses como agradecimiento, pasando muchas de ellas a ser concubinas de personas integrantes del gobierno de la Restauración.
Con la ocupación americana las geishas viven momentos duros ya que muchas prostitutas atraen a los clientes con mayor facilidad. Hoy en día las chicas que se convierten en geishas lo hacen por propia voluntad y no permanecen en este trabajo demasiado tiempo debido a la vida estricta y dura que las rodea en esta posición.
Muy pocas japonesas hoy dedican su juventud al estudio de las costrumbres artísticas tradicionales. Los distritos de geishas de Kioto aún tienen aprendizas o maikos, debido a la popularidad que esto goza en las personas turistas. Pero Japón se ha occidentalizado y los hombres prefieren más la compañía de las Hostesses, al resultar más barato y menos incómodo, debido a la alta preparación de las auténticas geishas.
Para ilustrar mejor el tema recomiendo ver la película Memorias de una Geisha, en la cual se reflejan muchos de los matices aquí comentados: Memorias de una Geisha