El confucianismo inundó todas las áreas sociales, políticas y económicas del país nipón. Sin embargo, resulta curioso que un concepto catalogado a veces como religión causase tal impacto en los gobiernos de las sucesivas dinastías. Los máximos representantes del catolicismo, al igual que los eruditos del confucianismo, lograron conseguir un gran poder político, pero nunca pudieron aplicar sus teoría a la economía del país. Por esta razón , la mayoría de las veces se considera que el confucianismo es un sistema filosófico-moral y no una religión (Veruga 1964).
Las doctrinas de Confucio viajaron por toda Asia, marcando casi todos los países del continente, y llegaron a Japón con algunas características que las diferenciaban de las estudiadas en el antiguo Imperio del Centro.
El confucianismo arraigó tan fácilmente en Japón debido a que la religión tradicional japonesa era el sintoísmos. Los japoneses tienen deidades relacionadas con la naturaleza y por ello aprenden a vivir en armonía con ella. También tenían un gran tradición de adoración a los ancestros. El respeto por los antepasados se transforma en una obligación filial para con los familiares vivos. Y, finalmente, este compromiso deriva en una moral nacional que aconsejaba cumplir los deberes para con la sociedad en cuanto Estado.
En un principio la ideología confuciana comparaba a la mujer con una subordinada, una persona que debía obedecer al marido sin objeciones y que tenía que ocuparse de la casa. El libro Li Chí (Libro de los Ritos), aclara cualquier duda sobre las obligaciones y derechos de la mujer en la sociedad confuciana.
La mujer debía cumplir las tres obeciencia : de joven obedecería al padre y al hermano mayor, al casarse obedecería al marido y al enviudarse obedecería al hijo. Su mayor cometido consistiría en ocuparse de las tareas del la casa y atender al marido. Además, podía ser repudiada si fuese estéril, si envidiase a las otras concubinas, hablase demasiado o robase (Legge 1971). Mencio prestó especial atención en estas interpretaciones confucianas y escribió los numerosos manuales de comportamiento para mujeres chinas que acabaron utilizándose en Japón.
No debemos olvidar que la mayoría de las sociedades antiguas estaban inundadas por prejuicios sexistas, y que la discriminación estaba presente en la vida diaria. Pero pocas veces se recurría a compilar con sumo cuidado una discrimianción tan abierta en contra de las mujeres. En este sentido, el confucianismo abarca una gran cantidad de libros en los que aparece claramente el concepto de inferioridad de género y la obligación de obedecer a los hombres, debido a su falta de inteligencia. Esto se plasmó en el manual que se publicó a mediados del siglo XVII por Kaibara Ekiken bajo el título de Onna Daigaku (The Greater Learning for Women). Este manual de comportamiento se basaba en las enseñanzas confucianas y su intención era adoctrinar a las mujeres de la época.
Según Kaibara Ekiken, la mujer estaba destinada a casarse, y todo lo que hiciese en la vida debía estar enfocado para tal propósito. Por ello, las mujeres sólo podían recibir educación para complacer a sus maridos, es decir, sólo podían estudiar música y otras artes para entretener a sus cónyuges (Paulson 1978).
Las doctrinas de Confucio continuaron aplicándose en todas las ramas de la vida social y política de la Restauración Meiji. Hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno japonés no descartó el confucianismo como base ideológica. De hecho, se refugió en él para poder crear un nacionalismo que asentase las bases ideológicas necesarias para justificar la Segunda Guerra Mundial (Anderson 1929).
Recomiendo ver la figura de Kata, en la película El último Samurai para comprender algunos de los elementos aquí expuestos, pues los refleja con una gran cantidad de matices y de una forma muy fidedigna, en cuanto a la historia real de la mujer en Japón. La película la podéis ver en el siguiente en el siguiente enlace:
No hay comentarios:
Publicar un comentario