La tradición educativa en Japón comenzó en el siglo VII con la universidad y con las escuelas provinciales del Taihoryo. La escritura china permitió el desarrollo de las leyes educativas para que las familias adineradas pudiesen enviar a sus hijos a estos centros, en los que se les exigía superar exámenes de numerosas asignaturas. Más tarde, aparecería la escritura silábica (hiragana y katakana), lo que permitió el florecimiento de los poemas y los diarios cortesanos a partir del siglo IX, además del acceso del público femenino a la literatura.
El afeminamiento de la sociedad Heian se tradujo en el triunfo de la mujer en la literatura( Rivero 1967). Sin embargo , los monjes budistas fueron apropiándose de esta rama de la cultura, de modo que la escritura y el estudio quedó de nuevo en manos de los hombres.
Japón era por entonces un país dividido en clases claramente diferenciadas, de modo que el budismo ni siquiera pudo acabar con esta visión jerarquizada de la sociedad. Tan sólo las familias adineradas podían acceder a los colegios y los monjes no pretendieron cambiarlo. De hecho, se nos han conservado pequeños diarios en los que personas (supuestamente budistas) expresaban su descontento al tener que compartir los templos con la plebe Rivero (1967).
Esta jerarquía tradicional de la sociedad japonesa tiene sus raíces en la ética de Confucio. Además de los caracteres chinos y la ideología confuciana, también se importaron los libros que determinaron la educación femenina durante las épocas Heian (794-1185) y Tokugawa (1603 - 1868). "Los preceptos femeninos", escritos por una dama de la alta alcurnia llamada Pan Chao, hacían hincapié en la educación femenina, siempre y cuando sirviese para explicar a las alumnas la superioridad del sexo opuesto. Por ello, la educación que recibieron las mujeres hasta el siglo XX atendía a las tareas que debían desempeñar: todo aquello asociado al ámbito doméstico Gómez Pradas (2008: 119).
Tal educación debía tener como único fin enseñar a la mujer su inferioridad ante el hombre , e inculcar la absoluta obediencia al esposo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario