El hecho de tener un modelo del mundo nos ayuda a dar sentido lo que ocurre . Nos dice lo que realmente es importante, qué conviene tener en cuenta y qué hay que ignorar, por qué la gente hace las cosas y qué opciones son mejores para nosotros/as. Por ejemplo , la persona que tiene que estudiar para obtener un aprobado justo podría darle una gran importancia a la inteligencia y creer que las demás personas son más brillantes y tienen más confianza en sí mismas. Esa misma persona podría valorar el trabajo duro y considerar que las demás personas son vagas que no aprovechan el talento natural.
Cada persona experimenta el mundo de forma subjetiva. Lo que ve, oye y siente se convierte en un pensamiento o una interpretación. Su idea del mundo pasa a ser una realidad. Por tanto, el modelo del mundo, y no el mundo en sí mismo, es el que determina las acciones que la persona ve como posibles y las limitaciones que considera que la coartan. Por muy extraña que le parezca a las demás personas la conducta de cada persona cobra sentido cuando se considera en el contexto de las opciones generadas por un modelo del mundo.
No es nada raro que las personas confunda su modelo del mundo con el mundo real, y eso provoca una limitación de las oportunidades. Cuando el modelo está lleno de reglas muy estrictas sobre lo que puede y lo que no puede hacer la persona, limita sus posibilidades. Lo mismo ocurre cuando su modelo de mundo está plagado de absolutos. Un modelo limitado que restringe o distorsiona la realidad desemboca en una vida limitada. El modelo del mundo determina la calidad de la escucha y de la comunicación.

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