Las fuerzas de ocupación norteamericana se encargaron de requisar y destruir gran parte del arsenal japones, lo cual incluía todo tipo de armas blancas. De igual modo, la fabricación de espadas y la práctica de las artes marciales asociadas al uso de las espadas fueron prohibidas como medida conducente a la desmilitarización y a la progresiva democratización del país.
En cuanto a la fabricación de espadas, quedaba sujeta a las siguientes normas:
-Solo un espadero debidamente acreditado y con la correspondiente licencia podía fabricar espadas japonesas.
-Sólo existe autorización para fabricar como máximo dos espadas largas (toda hoja que supere los 61 cm) o tres cortas al mes.
-Todas las espadas japonesas fabricadas deben ser registradas ante la Agencia correspondiente en el Ministerio de Asuntos Culturales.
De forma paralela, en 1960 surgió la Sociedad Japonesa para la preservación del arte de la Espada, con objeto de salvar la tradición espadera del olvido y la destrucción. Las exhibiciones y competiciones, que comenzaron a desarrollarse con regularidad desde 1955, centran el eje de la actividad en Japón. En los círculos especializados se compara este periodo con el renacimiento de la espada japonesa que aconteció con el advenimiento de la etapa Shinshinto.
La situación actual es que alrededor de exhibiciones y demás eventos ha surgido un impresionante negocio que aglutina no sólo a los maestros y proveedores, sino también a admiradores y, como no, una legión de coleccionistas que tanto en Japón como en Occidente siguen con asiduidad estas actividades. Puesto que la espada ha perdido su efectividad como arma de guerra, resulta mucho más interesante centrarse en su faceta artística y económica como instrumento difusor de la cultura nativa japonesa.
A lo largo de todo el mundo las espadas japonesas son objeto de admiración , aunque este culto dé lugar a algunas contradicciones; pese a considerarse un objeto de coleccionismo, las características de una buena espada se asocian con sus propiedades para utilizarla en la batalla, y precisamente el examen de estos elementos sirve para determinar su valor artístico y económico.

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