jueves, 5 de mayo de 2011

Los Haikus

Tan sólo tres versos componen un haiku, ajustándose la mayoría de éstos a la pauta de 5,7 y 5 sílabas respectivamente ( no sería exactamente la sílaba, sino la mora, unidad lingüística de rango menor a la sílaba). Debemos señalar , asimismo, que los haikus escritos en lengua japonesa carecen de rima, tal y cómo ésta se entiende en Occidente.

Sin embargo, sí existe una cadencia interior muy interesante desde el punto de vista de rítmica versal, explotada por los grandes maestros y que juega con la repetición de sonidos fuertes: k, t, etc. o débiles: h, f....Un ejemplo de un haíku del gran Uejima Onitsura (1660-1738):

Teizen/ni                                            En el jardín
shiroku/sakitaru                                 blancamente florece
tsubaki/kana                                      ka camelia.

A pesar de que hace gala de una asequible o ingenua simplicidad, la esencia del buen haíku esconde, en cambio, una complicada poética que se ha de tener en cuenta a la hora de tomar papel y lápiz en su redacción. Antes de esto, el poeta debe "llenarse de naturaleza". Porque en efecto, al acercarnos a los haikus de maestros  como Basho, Buson o Issa, en una inmensa mayoría de ellos podremos constatar como en su interior está presente la Naturaleza, bien en sus grandes manifestaciones o en la más pequeñas.

Los autores son unos agudos observadores de la Naturaleza; de una sensación concreta, para afinar aún más, como si el haiku quisiera realizar una fotografía a un momento justo, a algo que , en muchas ocasiones , dura apenas unos instantes. El siguiente haiku, acaso el más famoso de cuantos escribiese Matsuo Basho (1644-1694), sería un ejemplo de lo que decimos:

Furuike / ya                                     Un viejo estanque;
kawazu/ tobikomu                           al zambullirse una rana,                           
mizu/no/oto                                     ruido del agua.

No hay en nada grandeza, ni florilegios, ni una visión extraordinaria y , en cambio, esta estética de lo mínimo, este conteo de las cosas que pasarían desapercibidas para una persona de a pie, casa a la perfección con los principios del budismo en su vertiente Zen (no olvidemos que en Japón dicha rama búdica ha alcanzado grandes cotas de refinamiento y preponderancia en manifestaciones artísticas tales como el ikebano o el sumie).

En efecto, la composición de los haikus podría considerarse casi como un ejercicio más dentro de las prácticas Zen, que ayudaría al acólito a situarse en el camino recto de la ilumunación (satori).

Kokoro. Revista para la difusión de la cultura japonesa. Nº 3- 2011- ISSN : 2171-4959


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